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La filosofía del nudismo. 

  Podemos considerar que el “padre filosófico” del nudismo es Epicuro, filósofo griego nacido en 341 a.C. en la isla de Samos. En el año 311 a.C. fundó una escuela filosófica en Metilene, en la isla de Lesbos. Su doctrina más conocida, pero también más discutida, es que el placer constituye el bien supremo y la meta más importante de la vida. Pero se prefieren los placeres intelectuales a los sensuales que tienden a perturbar la paz del espíritu. La verdadera felicidad, según él, consiste en la serenidad que resulta del dominio del miedo a los dioses, de la muerte y de la vida futura. El fin último de toda la especulación epicúrea sobre la naturaleza es eliminar esos temores.

   De regreso a Atenas, en el 306 a.C., se instaló allí y enseñó sus doctrinas en el jardín de su casa. Sus seguidores fueron conocidos como los “filósofos del jardín”. El jardín epicúreo tuvo la intención de proporcionar un espacio diferente de la Academia (fundada por Platón) y del Liceo (fundado por Aristóteles). La principal diferencia con estos filósofos es que Epicuro no tiene pretensiones científicas sino éticas.

   La metáfora del jardín supone el regreso a un espacio natural, fuera de ágora y alejado de la política y de los compromisos sociales, donde todas las perso-nas por igual puedan conversar, reposar y alcanzar la felicidad mediante los placeres intelectuales. Remite a un lugar seguro, tranquilo, sin perturbaciones. En el jardín se cultivaban fundamentalmente dos cosas: hortalizas y la amistad.

   En la actualidad, no estamos muy lejos de esta concepción helenística de la vida que plantea Epicuro. La gente busca en la reclusión de su privacidad lo que no puede encontrar a la luz pública. En las grandes ciudades, los sentimientos de pertenencia política y de deber cívico están desvanecidos, por lo tanto, las personas se vuelcan a preocupaciones individuales como son la perfección del cuerpo, las relaciones emocionales estables, la evitación del dolor y la solidaridad entre pares y amigos. Tal como en tiempos de Epicuro, hoy en día, en un mundo amenazante, la búsqueda de la identidad y la autorrealización se vuelven protagonistas.

   Epicuro destaca la incidencia negativa de Eros entendido como amor apasionado y obsesivo por una persona porque conduce a la angustia, provoca perturbaciones y obstaculiza la búsqueda de ausencia del dolor en el alma. Por el contrario, se inclina hacia otro tipo de amor no apasionado que responde a la satisfacción de necesidades elementales de la naturaleza que deben ser satisfechas: la amistad.

   La meta principal del hombre para ser feliz es alcanzar la autonomía y la libertad, y esto se logra cuando se erradican las pasiones y al darle más importancia a la amistad, que es un medio que procura gran ayuda en un mundo hostil, porque supone un pacto mutuo que proporciona alegría al saber que otra persona estará allí cuando la necesitemos. La presencia de un amigo asegura placeres: como una conversación inteligente, la grata compañía, la comprensión desinteresada, entre otras cosas.

 

  La unión a través de la amistad es tan fuerte que actúa como protección frente a las contingencias de la vida. Un amigo puede durar años, pero un amor pasional seguramente se apagará con el tiempo. Asimismo, un puñado de auténticos amigos es capaz de dispensarnos el amor y el respeto necesarios para ser feliz que de ningún modo la fortuna ni la fama podrían proporcionar.

 

  De sus doctrinas más famosas podemos extraer la referida a:

 

·              ¿Qué placer perseguir y cuáles evitar?... “No hay placer que sea malo en sí mismo: Lo que es malo son las desagradables consecuencias que pueden resultar si no se usa la cabeza. Si todo el placer permaneciese y afectase al cuerpo entero y no solo a una de sus partes, no habría diferencia entre un placer u otro; ellos serían igualmente deseables. Si las cosas que producen placer a los hombres y mujeres licenciosos los liberase de tener mentes perturbadas, es decir, si una vida así los liberase del temor hacia Dios, el temor a la muerte y el temor al dolor, y si aquellas cosas les enseñaran como manejar racionalmente sus deseos, no veríamos nada malo en esos hombres y mujeres; ellos habrían alcanzado la cima del placer y estrían libres de todo sufrimiento corporal y mental, que es el principio y el fin de todo el mal”.

·              Sobre el placer: “Tan pronto como se ha alcanzado la cima del placer físico a través de la satisfacción del ansia corporal, no hay mayor placer que disfrutar por sobre ello; uno ha alcanzado un nivel que no puede ser superado. En este punto, uno puede variar el tipo de placer pero no puede incrementar la intensidad. El placer mental también tiene un límite natural que no puede ser superado y es lo siguiente: la paz de la mente que resulta del entendimiento científico de aquellas cosas que acostum-bran llenar la mente con temor y estremecimiento”.

 

  Si todas estas reflexiones no representan al nudismo, no se qué cosa lo repre-sentará. Nada más lejos del apasionamiento sexual que el nudismo. Es la máxima prueba a que se someten hombres y mujeres relacionándose, desnudos, sin prejuicios ni ocultamientos, unos a otros, en la búsqueda primaria de una amistad profunda.

 

 

Reflexiones de un nudista. INTRODUCCION.                                                  volver a pag.principal

Dado que el título genérico de estas notas se refiere a la “reflexión”, definámosla brevemente.

   Según el autor Jesús Antonio Collado, en su libro “Naturaleza y moralidad” (Las raíces del comportamiento moral), “solo en la reflexión cobra verdadero carácter de contenido objetivo el complejo mundo de la vida psíquica”.

   “Reflexión es la toma de conciencia por parte del individuo – llamado también filosóficamente “sujeto pensante” – del conjunto de estados y procesos que tienen lugar en su psiquismo”.

   Por la reflexión somos conscientes de lo que se origina en nosotros como vivencia, de lo que nos afecta interiormente como emoción, y de lo que nos agita como pulsión. La reflexión, en cuanto se destaca de la conciencia misma, actúa en la práctica mediante las funciones del pensamiento y de la voluntad.

   En resumen, “la reflexión es aquella fuerza anímica creadora de síntesis, en virtud de la cual tiene lugar la reconducción de la vida psíquica del núcleo de la persona”.

   El concepto de “reflexión” nos remite al de “conscientización” de cualquier tema reflexionado. La reflexión no opera sobre abstracciones sino sobre contenidos vitales, a los que potencia.

   “El YO de la reflexión en  ningún caso es un YO abstracto, vacío de vida, sino repleto de la energía del psiquismo. Es una “síntesis vital”.

   Las “Reflexiones de un nudista” están entonces dirigidas a pensar la práctica del nudismo, con sus contenidos vitales, desde su génesis hasta sus manifestaciones actuales, dentro de nuestra sociedad actual, de todos aquellos que la practicamos, de los que aún no lo hacen y de los que jamás lo harán.

   Sin entrar en tecnicismos ni pretender “filosofar” acerca del nudismo “intelec-tualizándolo”, analizaremos sí la posición de las personas sobre este tema, desde la doble perspectiva de lo físico y lo psíquico. También, llegado el caso, entraremos en lo que llamaremos “vivencias” bajo el triple aspecto de la individualidad, la corporeidad y la sociedad (o mundo como entorno vital).

   Alguien dijo alguna vez que “tanto el verdadero conocimiento como la verdadera vida se dan sólo a través de la experiencia del amor”. El sentimiento del amor presenta características notablemente distintas según se trate del llamado amor sexual (sublimado a veces en las formas del erotismo) o del amor humano, llamado también amor caritativo o de caridad. En el primero, la experiencia amorosa se polariza hacia la persona amada bajo la categoría del sexo, en el segundo, que es el caso de una sociedad nudista, bajo el imperati-vo de la humanidad, es decir, de la comunidad de naturaleza. Este último tipo de amor es el que ama al individuo humano como tal individuo, es decir, con sus virtudes, sus defectos y, sobre todo, sus necesidades, sin las idealizacio-nes y espejismos que acompañan a lo erótico y sexual. Este amor humano desplegado en un encuentro nudista es, ante todo, amor a la vida en los individuos, un amor consciente y voluntario  para que la vida en ellos sea cumplida y digna. Por esto su característica es una sobria objetividad junto con un temple de servicio, en muchos casos abnegado y silencioso, como el que desarrolla nuestra comisión organizadora. Del amor de caridad no nace nueva vida (como si tiene el potencial de nacer en el amor sexual), pero sí se robuste-ce y conforta la vida ya existente. El sentimiento de la caridad es sentimiento de entrega a los demás, y cuánto mayor es la entrega cuando la brindamos desnudos, es decir, sin las “barreras” que suponen la hipocresía de las vestidu-ras en cuanto su poder de categorización social o de “status”.

   Es muy significativa la nota aparecida en el diario Nación el 28 de enero de este año, respecto a la playa nudista uruguaya “Chihuahua”:

   Para alguien que tiene la ropa puesta -y un edificio de ideas que le impiden quitársela- lo más curioso de estar en una playa donde todo el mundo está desnudo es encontrarse en distintas situaciones en las que uno no encaja si está vestido. Por ejemplo, pedir una gaseosa en el puesto de Chihuahua y que la gente que espera en la barra o en las mesas esté desnuda. Llevado al extremo, es como imaginarse momentos de la vida cotidiana, como ir al supermercado, pagar facturas en el banco o tomar una clase de tenis, y que todos estén desnudos.
  Nadie en Chihuahua le reclama al otro que esté desnudo. Cerca del 30% de la gente que descansa en la arena tiene puesta la malla. "Nosotros venimos con mi familia porque acá es más tranquilo, y hay una idea muy fuerte de cuidado del medio ambien- te", afirma Jorge, que está con su esposa y sus dos hijos. "No hacemos nudismo, pero nadie nos molesta; al contrario, nadie te mira de arriba abajo porque acá la histeria esteña no entra", agrega.
Lo dice el manifiesto de la Asociación para el Nudismo Naturista en la Argentina (Apanna): "El nudista (naturista) es una persona sociable, no agresiva, que no invade la privacidad, no se exhibe, ni mira con procacidad".

En la sombrilla que está al lado de Jorge descansa una familia uruguaya -padre, madre, hijos y hasta abuelos, desnudos-, que se une a la charla. "Hace años que veraneamos en esta playa y no la cambiamos por nada. Queremos educar a nuestros chicos en esta cultura, que no discrimina, y que enseña a respetar al otro. Hasta mis abuelos se animaron", dice Julia, la madre de familia, y ofrece un mate.

En Chihuahua hay otro público muy bien tipificado. Son los curiosos o los supuestos desprevenidos, que caminan desde Solanas en busca de hermosos cuerpos tostados y sin marcas. "Venimos a pispear si hay alguna diosa, pero ni locos nos sacamos la malla", cuenta Facundo, visible líder de una troupe de adolescentes exaltados en busca de una modelo con traje de sirena.

Pero no. Habrá que avisarles que se pueden llevar una decepción, porque los cuerpos desnudos de Chihuahua tienen poco de show erótico y mucho de mansa comunión con la naturaleza, por más trillado que suene. El ideal de belleza se diluye. Gordos, flacas, peludos, pelados, jóvenes y ancianas, lindas y feos, según el criterio de quien mire, quedan en cierta forma igualados por estar totalmente expuestos. Por eso nadie mira, porque no hay nada que esconder. La tensión sexual es ciertamente nula si se compara con la danza hormonal que despierta cualquier playa esteña repleta de modelos y prendas mínimas.

 

  Estas notas recién empiezan…

 

                                                                                       ¡Qué sacudón en la conciencia provoca                                          volver a pag.principal

                                                                                         el darse cuenta que aquello que creía-

                                                                                         mos importante para todos, lo era sólo

                                                                                         para nosotros!

 EL NUDISMO Y LA VOLUNTAD 

   Cuando redacté las notas “Reflexiones de un nudista”, perseguía como objetivo convencer a quienes aun no abrazaron la actividad del nudismo/natu-rismo, a que lo hagan. Con el andar del tiempo y cuanto más notas escribía, los reacios no sólo no se convencían, sino que se hacían más reacios. ¿Qué oscu-ro fenómeno estaba teniendo lugar? Recién en la última nota esbocé una explicación, y recién hoy tomo conciencia de que me estaba olvidando de una cuestión clave: la voluntad de las personas de hacer o no algo.

    Yo me desnudo en sociedad porque tengo la voluntad de hacerlo. Esa volun-tad derriba todo prejuicio, todo razonamiento.

   La voluntad es querer (afirmar), y el no querer (un negar). Esta voluntad  del afirmar y el negar saca a la mente del estado de inhibición o de duda.

   La voluntad es un impulso a actuar en sentido práctico, a aplicar la energía personal al logro de objetivos determinados. Un hombre o mujer de voluntad es quien tiene un gran dominio sobre sí mismo (lo cual supone a la vez capacidad de reflexión) como lo tienen los nudistas. Es el que arriesga y acomete, no tanto por el frío cálculo racional, sino fundado sobre todo en la seguridad de sí mismo, de su propia energía y vitalidad.

   Entender la naturaleza de la voluntad es entender el concepto de carácter, y más en general la valoración del “ser moral”. Y hablamos de moral por estar totalmente involucrada en la actividad del nudismo. Lo vital y lo psicológico es el presupuesto necesario de la actuación moral. No es el razonamiento o pensamiento quienes tienen que cumplir función alguna en relación con la moralidad, o, de tenerla, nunca pasarán de ser de carácter secundario y como de confirmación de la voluntad. Por esto, no es que el razonamiento o pensamiento no tengan función alguna que cumplir respecto de la moralidad, sino que su función es irrelevante frente a la voluntad.

   Moralidad es comportamiento, no un sistema de deberes u obligaciones, y como el practicar nudismo está vinculado, como dijimos, a la moralidad, consideramos que practicarlo o no es cuestión de pura voluntad.

   La voluntad es un proceso mediante el cual tiende a unificarse la vida psíquica en general con las tendencias del apetito (deseos, pulsiones, instinto, pasio-nes). El psiquismo representa la cohesión de las fuerzas vitales y la voluntad es la raíz de toda la vida psíquica, la que estructura la complejidad de los fenóme-nos psíquicos.

   El concepto de voluntad expresa directamente lo dinámico y el individuo puede definirse como “voluntad de vivir”. Por eso, la única garantía de que dispone el individuo de seguir manteniéndose en la vida es su voluntad de vivir y, en el fondo, esa voluntad es la de vivir eternamente; pues todo individuo vivo, penetrado de su voluntad de vivir, no concibe qué cosa pueda ser dejar de vivir, ni por qué razón ha de dejar de vivir él, que día a día y momento tras momento siente su propia voluntad de vivir. La vida sólo es concebible como una duración infinita. De aquí el horror al pensamiento de la muerte, precisa-mente por lo extraño e inconcebible.

   Pero a la voluntad de vivir, en el ser humano se agrega la voluntad de conocer, lo que le sirve de sustento de su propio vivir. Cuando alguien tiene voluntad de conocer qué cosa es el nudismo, por ejemplo, debemos considerar la impresión sensorial del desnudo con su correspondiente sensación. Vemos que ésta no se realiza en solitario, sino que simultáneamente se da, junto con la percepción de otros cuerpos desnudos, una vivencia y una emoción, acompañadas de una pulsión. Toda nuestra estructura psicosomática ha entrado, por tanto, en acción, pero no de forma tumultuaria y confusa, sino ordenada y coherente como tendencia al logro de la relación nudista/naturista. Este orden y coherencia se deben a la eficacia de la voluntad de desnudarse en sociedad.

   Que en definitiva se trata aquí de una voluntad aparece claro si se considera que la actitud subsiguiente del individuo que optó por desnudarse ante otros será, o de aceptación, o de rechazo, o de indiferencia respecto de la nueva situación creada a partir de su decisión inicial – en este caso, la impresión sensorial recibida en el ambiente nudista –, con su estado asociado de gozo o disgusto. Pues aun la misma indiferencia en cuanto respuesta supone una reacción, una toma de posición ante la actividad nudista, de la voluntad.

   A pesar de esta impotencia de la razón ante la voluntad, creo que igual vale la pena compartir con ustedes las reflexiones, basadas en la racionalidad, que siguen, en una serie de notas dirigidas ahora a aquellos que, por lo menos, sí tienen la voluntad de conocer algunos fundamentos en los que se basa la noble actividad del nudismo.

 

 

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